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Super Nuclear Activity ~Meka~/Película 1/4

< Super Nuclear Activity ~Meka~ | Película 1

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Cuarta parte


Escuchar otra vez

La niebla color morado escondía a muchas luciérnagas, que se movían de un lado a otro, provocando que Martín temblase. Manuel se percató y le tocó el hombro.

— ¿Por qué tiemblas?

— No sé, ¿y si morimos?

Manuel sonrió y miró hacia otro lado.

— Pero si lo conseguimos podré seguir viviendo...

— ¿Estás muerto?

— Exacto —intervino el lusus—. Le dí la simple oportunidad para que pudiese mover su cuerpo una vez muerto.

Martín asintió con la cabeza y miró hacia el cielo...

Habían cuervos peleándose y dejando caer negras plumas del color del azabache.

— Tengo miedo...

— Estoy contigo po'

Manuel apretó más la mano y corrió hacia adelante, haciendo que su lusus no se cayese de milagro. Salieron de la bruma magenta y se encontraron frente a un pozo con una sustancia color lima, desprendiendo el olor del azufre.

— Esto es asqueroso... ¡pero tenemos que saltar ahí!

Eso lo dijo el lusus. Martín y Manuel se miraron el uno al otro y pusieron cara de confusión.

— ¿Seguro que no te equivocas? —preguntó el castaño, ladeando un poco la cabeza.

— ¿Se lo preguntas a un lusus, Honey? ¡Adelante, carajo!

Manuel y Martín asintieron sin rechistar y saltaron en aquel pozo, aguantando la respiración.

Martín abrió los ojos debajo de la sustancia verde, y vio cómo el lusus salía de la capucha y tocaba el fondo del pozo con una pata.

Se abrió un portal colosal y majestuoso, y el zorrito les hizo la seña de que pasasen por ahí.

Martín tiró de la mano de Manuel, empujándole a ir primero. Este, asustado, cedió, y, muy asustado, tocó con el dedo índice el portal. Este lo absorbió, junto a Martín y al lusus.

Cayeron de culo en un palacio de color verde lima, y en el suelo se reflejaban sus caras.

En las paredes, columnas de distintos diseños y formas aguantaban el techo. Habían cuadros gigantescos sobre criaturas y demonios mitológicos, a todo color y escalas.

Los tres estaban atónitos por lo que estaban viendo.

— ¡Bienvenidos a la mansión de Arthur! —susurró el lusus a los dos chicos— Puede parecer raro, pero Arthur nunca logró invocar a demonios o a dioses, a pesar de su gran conocimiento sobre las artes Aria.

Los jóvenes asintieron con la cabeza y siguieron investigando los alrededores.

Escuchar

Un ruido al final del largo pasillo les sorprendió.

Manuel se apegó un poco más a Martín, con cara de horror. El rubio miró hacia alante, decidido y desenfundando su bazooka...

Un tigre blanco con ojos amarillos apareció en medio del pasillo. Mostró todos sus dientes.

Al lusus de Manuel se le erizó el pelaje y sus ojos se volvieron azules. Las cintas que sujetaban su pelo se rompieron, haciéndole más y más grande...

Pronto, el pequeño lusus pasó a ser un monstruo del tamaño de un caballo, de ojos azules y largos dientes. Gruñó y se acercó poco a poco al tigre.

Este, arqueó una ceja y sacó una de sus uñas, que medía medio metro.

Empezaron a dar vueltas, como los vaqueros del oeste. El lusus de Manuel daba grandes zancadas, y el tigre caminaba muy despacio y silenciosamente.

Manuel estaba temblando de miedo, y miraba a Martín con cara de preocupción.

El rubio estaba sudando, y realmente no sabía que hacer, cuando...

El lusus de Manuel se lanzó al tigre, chocando contra la pared izquierda y haciéndola derrumbarse. El castaño gritó, pero el trasandino le tapó la boca, haciéndole un gesto para que se callase.

Martín se separó del chileno y se acercó lentamente al tigre herido. El zorro volvió a su tamaño pequeño (porque el real era el grande, sólo se convertía en pequeño cuando lo necesitaba) y se volvió a la capucha.

— Es mi lusus.

Manuel abrió la boca, sorprendido.

— Tu lusus acaba de atacar al mío porque son pura rivalidad —añadió el trasandino—. Se odian mutuamente, pero nunca tratarán de matarse.

El castaño atendía a la clase del rubio, mientras veía cómo acariciaba el lomo del tigre, tirado en el suelo.

— Es increíble que un tigre blanco sea tu lusus, el del fuego —dijo Manuel, susurrando.

— Sí.

El suelo fue temblando poco a poco.

— ¡Viene Arthur! —gritó el tigre— ¡Escóndanse!

— No vamos a escondernos, tiene algo que no es suyo —dijeron los tres, al unísono.

— Y si morimos —continuó Manuel.

— Reviviremos como cual ave Fénix —siguió el zorro.

— Para enseñarles al mundo que estamos sobre la faz de esta dimensión y estamos para salvarles el puto culo —finalizó el trasandino.

— Ese vocabulario —intervino el tigre, sonriendo y refiriéndose a Martín, que se rascó la nuca susurrando un "vale...".

El suelo cada vez temblaba más y más. Una figura verde aparecía de detrás de una de las columnas, disparando una masa de fuego color lima.

Martín se sorprendió, esquivando el disparo.

— ¿Qué mierda? —gritó, asustado— ¿Arthur?

Una trenza color marrón se asomaba por fuera de la capucha. No era Arthur, tenía que ser una mujer...

El rubio cargó el bazooka, pero se dio cuenta de que estaba roto. Lo tiró al suelo.

— Martín —le llamó el castaño, tocándole el hombro—, si quieres le doy y...

— Callá, voy a probarlo yo.

Martín saltó y sopló, dejando salir de su boca una masa gigantesca de fuego y dándole de lleno a la mujer.

— ¡¡Diez putos!!

— Querrás decir "puntos"...

— Sí, eso.

La chica se levantó del suelo, sacando su mano de la manga y haciendo levitar a Martín con una masa de magia color lima. Torció los dedos, y Martín cayó al suelo de culo, encima de Manuel.

— ¡Puta, mi orto! —soltó el rubio, levantándose altiro.

— ¡Quita! —Manuel se retorcía en el suelo como una cucaracha aplastada.

El lusus de Manuel había saltado fuera antes de la repentina caída, y ya había vuelto a su tamaño original.

Sacó sus dos grandes colmillos, y se lanzó a la chica. Esta, rápidamente, le agarró de la cola y lo lanzó contra la pared, dando a conocer que también tenía una gran fuerza física.

El lusus se lamentaba, gruñendo por lo bajo.

Manuel miraba a aquel animal con expresión preocupada.

— N-no puedo... tengo mie...

A Manuel se le hizo un nudo en la garganta cuando vio a la chica sujetando del cuello a Martín.

Mierda.

Manuel gritó, haciendo caer carámbanos helados desde el tejado. Cuando cayó el más grande de todos, se hizo una niebla fría. Martín se había desmayado. El castaño, aterrorizado, decidió llevar a Martín detrás de una columna pegada a la pared, para intentar despertarle. Pero, entonces, recordó a los lusus. Los buscaba por todos sitios, pero no lograba ver...

Pero ello estaban bien, Martín no.

Parar música

Apoyó al trasandino en la supuesta columna, torteándole la cara como si nada.

— ¡¡Despierta, coño!!

Manuel tendía a llorar, tenía miedo a que el argentino nunca más despertase. Tosía por la niebla y el humo, ni él podía aguantar todo el poder que había desprendido.

— Martín...

De repente, dos manos femeninas le taparon la boca por detrás. Las manos estaban cubiertas de azufre, y...

El castaño tosía y tosía, pero cada vez tenía más dificultades para respirar... Luchaba, intentando apartar las manos de su boca, pero era imposible. Cada vez se sentía más mareado...

Y se desmayó.


Ambos abrieron los ojos lentamente y con dificultades.

Estaban...

en el cuarto de Arthur.

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