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Super Nuclear Activity ~Meka~/Cap 7

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Capítulo VII: "Perdón"

¡Marrtín! ¡Manuer!

Miguel rebosaba de alegría. Daba saltos por todas partes, al ver a aquellos dos chicos otra vez juntos. Pero no se veían felices...

— Ah, hola Migue.

— Hola.

Ambos tenían unos tonos muy apagados. La melancolía cubría sus semblantes. Migue quiso saber qué pasaba, pero era mejor que lo arreglasen por ellos solos, ¿no?

— ¡Bueno os veo a la salida!


— Oye Manuel.

— ¿Ehm?

Martín tenía los brazos cruzados y miraba seriamente a Manuel. ¿Estaría en serio por primera vez en su vida?

— Quiero contarte cosas sobre tu gema.

— Ah, es verdad. ¿Qué es?

— La gema es como el corazón de un elemento. Cuando esta se rompe, el portador pierde fuerzas automáticamente y muere. Al hacer esto, en ese mundo nunca más habrán restos del elemento.

— ¿Entonces no hay agua?

— ¿A-a qué te refieres?

Daniel de Irala.

Silencio. Martín no comprendía.

— ¿Qué decís? ¿Daniel, mi primo? ¡¿Qué le ha pasado?!

— Lo mataste, Martín. Lo mataste.

— Mentira cochina. Odio a los mentirosos, ¿sí?

— Neh, entonces te odias a ti mismo.

— Qué coñ... ¡Yo no he matado a mi primo, boludo! —Martín dio un puñetazo fuerte a la mesa.

Eran horas de abandonar la clase, pero a ellos no les importaba. Manuel estaba sentado en su pupitre. Sí, en la mesa y no en la silla. Martín estaba apoyado contra una pared.

— ¡Yo no he matado a mi primo! ¡Es una boludez como una catedral!

— ¿Una catedral de hormigas? Ja, ja. María me mostró la tumba y ahora no sales de mi pregunta. ¿Mataste a Daniel?

— ¡¡¡QUE NO!!! ¡Daniel está vivo, vive en Paraguay! ¡¡Estoy más que seguro y si querés le llamo!!

— Llámalo si tienes pico.

— Si quieres que te la enseñe, sólo dime.

— ¡¡Guarro de mierda!!

— Nah, estaba en joda por Dios. Mi pija no la vio ni mi vieja. Bueno, ahora le llamo.

Martín marcó el número a la velocidad de la luz en su celular. Al otro lado de la línea, se escuchaba una voz de apariencia inocente, y muy baja.

— Daniel, ¿estás muerto?

— ¿Tú eres retrasado mental? Si te estoy hablando es más que obvio.

— ¿Ves Manuel?

— ¿Quién es Manuel? —quiso saber el chico.

— Manuel es, o era mi mejor amigo... igual, te lo paso y le conocés de paso.

— Ehm, hola... —Manuel no quería sonar tímido, pero no puedo evitarlo.

— ¡Hola! ¿Tú sos Manu, no? —Daniel rió al otro lado del teléfono.

— Sí, supongo...

— ¿Cómo que supones? ¡No seas tímido, soy una persona muy sociable! ¡Verás que cuando vaya para allá me conocerás y te hartarás de reír!

— Em, bueno, vale, ¿esperaré hasta entonces?

De repente, la puerta de la clase se abrió.

Un chico moreno, con una cinta alrededor de la frente y chándal azul marino entró.

— ¡Hola, soy Daniel!

— Debo de estar alucinando...

— Fui por el portal automático y acá estoy. ¡Un placer!

Daniel le apretó la mano a Manuel y la movió hacia arriba y abajo. Tenía mucha fuerza para sus apariencias... Era agradable como él mismo dijo, y su sonrisa era muy semejante a la del rubio.

— ¡¡Primazo!!

— ¡¡Tincho!!

Los dos se abrazaron. Manuel se sentía otra vez fuera de órbita, y ganas de intervenir en el abrazo, poniéndose en medio. Ale, ¡familia amigos felices! Pero eso sólo en sus sueños. No abrazaría a Martín delante de nadie, y eso ya era un pacto consigo mismo.

— ¡Burro!

— No, vaca.

— Gallina... —Manuel interrumpió aquella gran gilipollez.

— Las gallinas son pollas... Oh Dios qué acabo de decir —Daniel se echó la mano a la boca y se partió de risa, contagiando a Martín y provocando una leve sonrisa a Manuel—. Recuerdos, ¿eh primo?

— Las vacas son dálmatas gordos de tanto comer mierda —Martín rió como un poseso junto a Dani—. Y los burros tienen pelos en el culo como cuerdas de guitarra.

Las risas eran descomunales. Manuel soltó un "heh heh", y ambos primos se quedaron mirándolo como "ostia puta que se rió el pibe".

— ¿Por qué me miran raro? Ya hueón sólo reí nomás.

— Sabía que algo tenías de chileno —el argentino reaccionó a el acento que se escapó de su boca. Alo muy común en Martín es que te nombra tu nacionalidad sólo con oír tu acento—. Es curioso, pero me caés bien incluso siendo una verdura.

— ¡¡No soy un aji!!

— Sí que lo sos.

— ¡¡No!! ¡Como me llamí' aji de nuevo te cruzo la cara!

Martín tenía de nuevo su típica sonrisa atrayente de oreja a oreja. Una sonrisa de anuncio, pero aún más... bueno.

El colegio dio la campana, y con ella, el Sol desapareció a lo lejos. Manuel cogió su bicicleta (le dan una gratis a cada alumno para no tener que pagar al desplazarse por el mundo) y se dirigió a un sitio del que le contó Tiare la semana pasada.

— Recto, izquierda, derecha, recto dos cruces... sigo hasta el final... ¡ah, mira!

Era un pueblo extrañamente antiquísimo. Un pueblo de cuento, más bien.

Los geranios colgaban de los balcones, reposados en macetas de arcilla pura y aparentemente, hechas a mano. Los barrotes de los balcones eran marrones o negros de metal, o marrón de distintos tonos si eran de madera. Era precioso.

Y como le había dicho su hermana, al final del pueblo, por la parte Norte, había un relajante río, y sobre él un puente de piedra. Manuel realmente tenía ganas de ir.

Cuando llegó, se sentó en el bordillo del grueso y vasto puente. Cerró los ojos un rato, y sólo se escuchaban el piar de las golondrinas y el ruidito del agua correr por las piedras que tenía el río de base. Habían árboles muy longevos al final del puente, y Manuel pudo darse cuenta de que eran Almendros, ya que sus flores eran rosas. Los pétalos caían y se posaban en el agua, navegando como barcos, y dejando que los zapateros que se movían por el agua se subiesen a ellos. Alguien le dio un susto repentino por la espalda, y fue un milagro que no se cayese.

— ¡¿Qué chuch-?!

— ¡Hola Manu! Veo que vos también la pasás acá de vez en cuando.

Era Martín. ¡Oh Dios mío, estaba hasta en la sopa de fideos! ¡¿Qué carajo hacía allí?! ¡Ojalá se fuese y se perdiese en un bosque con árboles fabricados con mierda!

— ¡Ya huón déjame y ándate, déjame en paz! ¡Siempre me persigues!

— Inicio, recorrido, destino... final —Martín hizo un gesto con el dedo, como trazando un camino en el aire, y sonriendo por lo bajo al darle una picada en la nariz al otro.

— ¡No me toquí la nariz! ¡Hueón culiao!

El moreno se levantó, cogió su bicicleta y se propuso la marca al liceo otra vez. Martín le puso la mano en el hombro.

— En verdad quería arreglarlo.

— ¿El qué?

— Lo de ayer, boludo.

Manuel mostró sorpresa, pero enseguida frunció el ceño e ignoró al argentino.

— Me ibas a preguntar algo ¿verdad? Los celos te comían cuan do vino el Dani, se te ve la pluma.

— No tengo pluma.

— No, inútil. Es una forma de hablar.

— Tanto como la mía lo es. Interprétalo de otra manera más... ¿representativa? ¿literaria? ¿abstracta?

— No soy retrasado, y aplícate el cuento.

— Perdón, punto.

— No te he dicho que te vaya a perdonar, Manu.

Manuel puteó por lo bajo, bufó y puso el pie en el pedal, amenazando con irse y dejarle atrás.

— Perdóname por tu bien.

— Por mi mal.

— ¿Eh?

— No te perdono por mi mal. Será por tu bien si me lo pedís bien y con modales y no humor de jodidos perros.

— Perdón...

— Otra vez.

— Perrrrrdóooon.

— Otra vez.

— ¡Que no! ¡Pesado de mierda!

— Jeje...

Martín cogió su bicicleta y salió más rápudo que Manuel. Este último, al ver la gracia del otro, lo tomó como una carrera y enseguida se puso en marcha.


Por poco no tiraron a una señora mayor, pero al menos quedaron empate.

— ¡La próxima te voy a batir como un huevo para hacer tortilla!

— ¡Atún para hacer empanada!

— ¡Lechuga para burritos!

— Si machacas la lechuga no tiene sentido.

— Ni siquiera tiene sentido la tortilla, che.

Martín se despidió moviendo la mano de un lado a otro, a lo que Manuel no quiso contestar. El rubio entró a su habitación, y Manuel se dirigió a la suya. Fue más divertido de lo que pensaba...

Abrió la puerta y eta se cerró tras él. Se quitó la sudadera y se lanzó a la cama, bufando.

— Puta, no puedo hacer tanto en un sólo día...

Y se quedó dormido.

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