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Super Nuclear Activity ~Meka~/Cap 26

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Capítulo XXVI: Punto y coma


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ATENCIÓN: Este capítulo lo describe Javiera.

¿Me quedé dormida...? Ah, sí, me dormí. De la peor de las maneras, pero estaba dormida. Me aparté el flequillo de la cara. Hacía frío... Pronto me percaté de que eran comienzos de septiembre. Mi cumpleaños estaba a punto de llegar. Mi odiado cumpleaños.

Pero así es la vida, y la hay quienes la afrontan, y quienes son demasiado débiles. Pero nadie es débil en este mundo. Si no quieres afrontarla, es simplemente porque eres flojo.

A duras penas conseguí levantarme de aquel banco de piedra. El sol de la mañana se reflejaba en mis gafas de Hipster. Odio que me digan así. No sé, ¿acaso es un insulto...?

Mis ojos estaban aún anegados de la dura tragedia que sufrí ayer. Era una crisis respiratoria y cardíaca: no lograba respirar, y Swet me estaba manipulando la mente. Pero conseguí contrarrestarla.

Me di cuenta de que tenía una pequeña mordedura en el cuello. Me percaté de que tal vez haya tragado algo de mi odio, pero estoy más tranquila que antes. Me dan ganas de abrazar a cualquiera. Pero hoy, sólo hoy, tenía ganas de Martín.

Y tenía que ser después de su muerte.

Bueno, aún no estaba segura de que si Martín hubiese muerto o no, pero así somos los chilenos, los hechos son los hechos y por mucho que insistas, será siempre en vano. Duros y trágicos pensamientos que han llevado a la masacre y tragedia. Duros y trágicos, pero realistas. Así son los hechos. Hay que afrontarlos, como a la vida.

Empecé a hacer un repaso filosófico sobre la vida. Realmente, ¿era la vida un hecho, o el hecho es la vida? Parece lo mismo, pero te aseguro que no lo es.

Como dije antes, me levanté de aquél duro y rígido asiento, a la vez que sucio y descuidado. Me concentré en tocar y observar sus grabados de piedra. Eran realmente inspiradores.

Una flor de almendro cayó sobre mi nariz. Sonreí sin ganas y soplé hacia arriba, haciéndola volar y caer en un charco junto al árbol del que procedía. Mi sonrisa se borró instantáneamente y mi pena aumentó.

Decidí moverme un poquito. Cargué mi querida y por ahora, ligera mochila y caminé hacia el gimnasio.

Varios de los barrenderos me saludaron, sonriendo. Yo les correspondí (no con muchas ganas), e intenté abrir la puerta del titánico establecimiento. Allí dentro habían numerosas personas. Entre ellos, estaba Antonio, con un pañuelo francés sonándose los mocos.

Fui a su lado y le puse la mano en el hombro, preguntando el por qué de sus lágrimas.

Él me respondió, "Tenía futuro". Yo asentí. Sabía a quién se refería.

Sonreí, cínica, y palpeé su hombro muchas veces seguidas, intentando calmar al pobre mayor. Era muy sensible, y me caía bastante bien. Hubiese sido bonito que Martín siguiese aquí para presenciar estos momentos de tensión, y abrazarme.

¿Eso era lo que echaba de menos, realmente?

Me preguntaba lo mismo muchas veces consecutivas. No sabía si me gustaba Martín o simplemente una parte de él. La parte protectora y cariñosa. No conozco aún a la otra.

Pronto me di cuenta de que yo también estaba comenzando a llorar pesadamente, anegando mis gafas. Me horroricé de ello, pues alguien nunca me vio llorár más que Martín y mi familia.

Oh, no dije "mi odiada familia". Creo que estos son los efectos secundarios...

Pasé mi mano por la barandilla de hierro y me apoyé sobre ella. Vi cómo unos enfermeros discutían con Mathias. El danés les contaba que el supuesto alumno se estaba burlando de él, pero los enfermeros le reprochaban diciéndole que no era tanto como para matarlo. Por ahora mi odio por él subió bastante.

Matthew Williams, el profesor de latín y estoniano, se acercó a mí, y me dijo "¿Estás bien o necesitas un hombro para llorar?". Sonrió y apoyé mi cabeza en su hombro, echando la gota gorda. Él me acarició el pelo y soltó oraciones como "Don't worry".

Antonio se tapaba la nariz y la boca con el pañuelo, cerrando los ojos y suspirando entrecortadamente debido a sus sollozos y excitación.

****

Aquél día asistí a la enfermería. Estaban intentando curarle las heridas a Martín. Pero yo lo consideraba como si ya estuviese muerto.

Como era su cónyuge, me dejaron entrar al cuarto para darle mis últimas palabras. Los médicos fueron muy amables y considerados conmigo. Acaricié los mechones rubios de Martín. Deseé que me diera una sorpresa molestas de aquellas que me daba con todas mis fuerzas, pero no resultaba. Deseé que abriese los ojos y me mostrase su verde interior, que me sonriera y me hablara de tonterías que nunca había entendido plenamente, pero escuchaba y asentía piadosamente.

Deseaba que volviera.

Los médicos me advirtieron de que no estaba muerto aún. Que podría estar perfectamente en coma.

Pregunté si aquello lo dejaría subnormal. Ellos me miraron con indiferencia y me negaron la pregunta. Yo sonreí sin ganas, esperando que el hilo del que pendía mis esperanzas se reforzase y creciese. Que lo aten con cinta aislante permanente, al igual que mi felicidad, orgullo y cordura.

****

Fueron demasiadas emociones para un sólo día. Tal vez demasiadas.

Escribía todo esto en mi portátil, comiendo chocolate. Dicen que es anti-depresivo.

Entre ello, visité la página del liceo. En la página principal se anunciaba el posible fallecimiento de Martín.

Se me escaparon unas cuantas lágrimas.

Iba a tener que estar esperando todo un largo tiempo. De pronto, recibí un mensaje en mi móvil. Era Mathias. ¿Desde cuándo ese estúpido tenía mi móvil?

"Perdón. Sé cuánto querías a Martín y eso... tal vez se me fue el hacha... pero sólo quería darte buenas noticias. Está a punto de despertar del coma defectivo. Despertará dentro de una semana, el 18 de septiembre, este mes. Espero que te anime un poco... mis míseras disculpas, Javiera, si puedo hacer algo por ti sólo dime."

Por un segundo grité y por poco no mandé el teléfono al carajo. Estaba a punto de lanzarlo de la emoción. Iba a despertar el día de mi cumpleaños. ¡Esto era magia, un milagro!

Al cabo de un minuto recibí un mensaje más.

"Ah, y no es por echarme flores, pero yo contribuí a la mayor parte de la operación... soy Doctor, Aria, Dragoon e Invocador, y pre-Paladín, por lo que iba a servir de mucha ayuda. Tras varias operaciones, lo logramos. Espero que estés feliz..."

No sabía si reír, gritar o llorar de felicidad. Me di cuenta de que al fin y al cabo, Mathias no era tan mala persona. Además, cada vez que yo intentaba sacar a alguien de un apuro por el cual yo había dado a lugar, siempre la cagaba. Pero él no. Empecé a admirarle un poco. Sólo un poquito.

Pero era tarde, me puse el pijama (sin bañarme ni nada), y me metí en la cama. Aquella noche soñé con mi familia, éramos felices y despreocupados... pero hasta el mismo sueño me pareció raro. Prefería mi familia como era, odiosa o no.


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