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Super Nuclear Activity ~Meka~/Cap 19

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Capítulo 19: El cumpleaños


Escuchar de nuevo

Martín se quedó frito en su cama la noche anterior, pensando en lo que tenía que hacer al día siguiente. Entonces, se giró y se cayó de la cama sin querer. Había estado en vela toda la noche, y había tenido una pesadilla horrible de la que no me gustaría hablar... Estampado en el suelo como Pedro aquel día, gruñó.

— Urgh...

Se levantó, se puso los calcetines y fue a mirarse en el espejo. Tenía unas ojeras impresionantes, y un mal aspecto horroroso. Pero entonces, recordó... el calendario.

— Es... ¡¡9 de julio!! ¡¡Ja, ja, ja, ja!!

Martín empezó a dar vueltas y se volvió a caer del mareo. Volvió a levantarse, y con una gran sonrisa, abrió las puertas de su armario.

Una sonrisita maliciosa cubrió la inocente cara de Martín.

— Hoy.

Le cayó una colcha encima, y se enredó en las sábanas, retorciéndose e intentando salir.

— ¡Mierda!

Cuando al fin consiguió salir de ese laberinto de mantas, sacó toda su ropa y se vistió.

Pero, antes de ponerse la camisa, se miró la espalda frente al espejo.

— Javi no sabe nada aún...

En su parte trasera, había una raja descomunal de color naranja, y unos símbolos extraños en la parte derecha de sus caderas. La raja se la hizo una sirena, antes de ir allí, él fue personalmente y lo planeó todo con ellas, con algo a cambio...

Un beso.

Aunque no le costó, no le gustó mucho. Él ya sabe que sus labios tenían dueño, y lo sigue teniendo. Pero ese dueño no es el mismo ahora, ahora es una mujer, una hermosa mujer. Que hoy tenía que desearle...

¡Feliz cumpleaños!


Por otra parte, Javiera estaba durmiendo boca abajo. Estaba roncando como una posesa.

Un frailecillo se posó en su cabeza y le picó. Ese frailecillo se quedó a dormir días anteriores porque había perdido a su madre, y como el gato-lusus no aparecía, Javi quiso sustituirlo por aquella ave tan bonita y característica de climas fríos.

La chilena se levantó, y se miró al espejo.

Al contrario que nuestro amigo argento, ella estaba radiante y no tenía ni un solo signo de cansancio.

"Será porque ahora soy una chica", pensó Javiera para sí, y quitándose el pijama, que era el mismo vestido con el que apareció en la enfermería.

Sacó un "sujeta", se lo puso y con él, encima, su sudadera celeste y sus leggins negros. Se puso la felpa que se compró aquel día, y se peinó.

Ella no suele maquillarse, dice que es antinatural y estúpido. Realmente no te gusta que alguien te diga "bella" teniendo maquillaje. El mérito es que te lo digan sin llevar puesto.

Se cepilló los dientes, una costumbre de Javiera muy común. Se lavó la cara y las manos, y se echó colonia nueva.

Calzó sus zapatillas Converse y se encaminó hacia el cuarto de Martín. El rubio abrió la puerta, sonriendo.

— ¿No tenés que decirme algo?

— ¿"Levanta que nos pilla el toro"? Eso es lo que iba a decir.

— Obsrtjwr —Martín estaba enrabietado. Nadie le había felicitado aún, y estaba más que seguro de que nadie iba a acordarse. Entonces, recordó que no le contó el día de su cumpleaños—. Es mi... cumpleaños.

— ¿Cuántos cumples?

— No recuerdo, pero creo que 18 —se rascó la nuca.

— Uhm, entonces tienes acceso a páginas de "yasabesdeloquetehablo".

— Pervertida.

— Ya. Bueno, vamos a la clase especial.


Escuchar

Al entrar en la clase, habían cadáveres esparcidos por todo el suelo. Se trataba de un grupo de profesores de la Torre de su hermana, de Tiare.

El la silla del profesor, arriba del estrado, se encontraba un chico de pelo negro, ojos marrones y con una de las cejas alzadas.

— Martín el birlocha y Javiera la maraca, bienvenidos.

Los pelos de Javiera se levantaron, como si de un gato se tratase, y sus ojos se pusieron un poco rojos.

— Sigues viva, enhorabuena —Julio aplaudió, sarcástico.

— Muere.

Martín sacó el bazooka, lo cargó y disparó a Julio. El chico se quedó parado, así que la bala le alcanzó, provocando que las paredes se derrumbaran y le aplastasen. Javiera se asustó y se escondió detrás del rubio.

— Y... ¿ya está?

— Si te copa vamos a la cafetería, mejor salir de acá pitando —Martín se dio la vuelta y salió por la puerta corriendo.


Al día siguiente, amaneció tranquilo...

— ¡¿Qué coño haces en mi cuarto?!

Martín estaba con la cabeza apoyada en la barriga de Javiera y se había quedado dormido.

— ¿No recordás?

— Ugh... ¿no?

— Me dijiste que me quedase porque iban a buscar al culpable, y nunca me buscarían en el cuarto de otro.

— Ah.

Javiera se sentó, levantándose y estirándose.

— Feliz... cumpleaños.

— Ya fue ayer...

Martín cerró los ojos, con dolor.

— Más vale tarde que nunca... o espero que tú pienses así.

— Sí, pero mejor a tiempo que tarde —Martín sonrió un poco.

Javiera puso los brazos alrededor del cuello del rubio, abrazándole y sonriendo.

— ¿Qué haces?

— El soborno también existe.

— ¿Eh?

— Que me perdones, que estaba nerviosa por lo de Julio y no recordé.

— Ni vos ni nadie... nunca se acuerdan... por eso no es un día muy feliz que se diga.

Javiera levantó una ceja, y de debajo de la cama, sacó una caja envuelta con papel de regalo.

— A quien madruga, Dios le ayuda a encontrar una tienda abierta —sonrió, mientras le tendía delante el regalo.

— Oh Dios, oh Dios, oh Diossss —Martín miraba el regalo con brillo en los ojos.

Era una caja rectangular, muy fina. El rubio siempre tenía la manía de aitar el contenido para averiguarlo.

— ¿Un libro? dime que no lo es.

— No es eso.

— ¿Un póster?

— Nain.

— Me rindo.

— Bueno —divagaba con las palabras, alargándolas y dándole más misterio al asunto—. Como fui a tu habitación y vi que te gustaba Slender...

— ¡¡¡NO JODAS AHH!!! ¡¡Te amo, en serio!!

— Tampoco es para tanto, además, tanto dinero no costaba.

Martín desempapeló la caja envuelta, y vio la portada del juego.

— ¿Cómo lo conseguiste, si se descarga por internet?

— Las chicas tenemos ojo para las tiendas, y una chica nunca revela su secreto.

El rubio entrecerró los ojos, y luego miró maravillado el juego.

— ¡¡Gracias!!

Martín abrazó a Javiera, que sonreía y se sonrojaba levemente.


A la tarde, el director pegó en la puerta de Javiera.

— Hola, señorita —hizo una reverencia, alzando las cejas y transmitiendo el típico mensaje de "quiero que seas mi nuera, ¿ok?"—. Vengo a preguntar por mi hijo Martín.

— Corrió hacia su cuarto.

Antonio no se fiaba de ella, así que miró por todos lados, y en efecto. Martín estaba debajo de la cama.

Se habían metido en un buen lío...


— ¿Han matado a Julio ustedes?

— Sí —dijeron ambos, al unísono y con un marcado tono orgulloso.

— ¿Por qué?

— ¿No vio todos los cadáveres de profesores en el suelo? —preguntó Javiera.

— No había ninguno.

— Mierda, Julio nos la ha jugado —soltó Martín—. Javiera, los cadáveres pudieron ser simples hologramas. Julio es bueno con esas cosas.

La chilena abrió los ojos como platos y miró alrededor, buscando algo que decir. Y con un nudo en la garganta, se sonrojó. Miró al rubio, desesperada.

— Osea que, teníais rencor de Julio —Antonio apoyó los hombros en la mesa.

— ¡Pero, viejo, vos sabías que Julio no era bueno! ¿Me equivoco?

— Miguel ha venido a reprochar. Hoy no fue a clases porque estaba en depresión monumental. Realmente me da pena él, no el hermano. El boliviano era todo un granuja y un revoltijo, y le gustaba jugar con los cables para apagar las luces.

Entonces, Martín recordó algo.

(ver película 1)

Las luces se apagaron de repente en la cocina, cuando Manuel aún era un chico. Después, desapareció por arte de magia... ¡YA, LA PIEZA ENCAJA!

— ¡¡Javiera!! ¡Julio fue el que apagó las luces cuando Arthur te secuestró! Y, como es el más rápido de la clase después de Pedro, ¡te llevó con él en un pispás!

Javiera abrió los ojos aún más, y asintió con la cabeza ante la astucia del argento.

— Mañana me contarán más, ya me duele la cabeza de tantos problemas.

Y se fueron de allí hacia el parque de la fuente, cerca del kiosko a olvidar el asunto.

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