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Super Nuclear Activity ~Meka~/Cap 10

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Capítulo 10: La cafetería



Martín estaba hoy de humor de perros. Cerró la puerta de un cojonazo y se puso a putear por lo bajo. Cogió su bate de béisbol, el cual le regalo su ex-novia, aficionada del béisbol. Ese bate le recordaba mucho el odio que una vez sintió y volvía a sentir.

Ah, se me olvidó decirlo. Estaba todo destrozado, acababa de pelearse con un demonio haciendo una actividad en EF. Se lo había cargado con los puños, que actualmente estaban esangrentados y llenos de rajas.

Pero...

Escuchen mientras


Su "piel" se abrió en su mano izquierda. Un dedo de metal se asomaba por la tela falsa y piel sintética de humano. Hizo mover sus dedos metálicos, lentamente. Sintió la furia que en aquel momento recordó.

Hace mucho tiempo, le secuestraron y le nombraron recluso en un centro penitenciario. Él fue acusado de hechos que no había cometido, y le encadenaron en su celda por ser un ser "anormal y en contra de la ley institucional".

Entonces recordó aquel bate, que aún tenía. Se dio en su propia mano, hasta que consiguió arrancarla de cuajo. Sangraba, pero él ya no notaba nada.

Todos los encargados presentes comenzaron a gritar, y los demás reclusos tenían la boca abierta hasta el punto de comer moscas provenientes de los cuartos de baño de aquella prisión.

Martín sonreía.

En aquella época, él era el gobernador. Él mandaba a los jefes de la cárcel y sembraba el caos. Su padre, atónito, veía la situación por televisión, pero por miedo no quiso ir a ver a su hijo.

En la pantalla de la TV, aparecían letreros como "Recluso sublevado se arranca la mano para escapar usando un bate de béisbol, asustando a todos los prisioneros y poniéndoles a merced de el chico, aparentemente de 14 años, y de nombre Martín Fernández Vargas."

[1] >> Martín estaba furioso, tras recordar aquellos hijos de la re mil puta. Salió por su ventana para que los guardias del liceo no se percataran, y corrió hacia el bosque.

Allí, empezó a derribar árboles con sus propios puños, y la mano izquierda aún metálica.

Varios tornillos volaron, pero ese trozo de puta mierda ya se había pegado a su piel, con clavos, tornillos o no.

Martín volvió a sonreír. Esta vez llorando.

Todo aquello le estaba llegando a la pija, y le reventaba las pelotas el asunto. Igual, sus padres se lo pasaban todo por la raja del orto y no hacían nada para "salvar" a su "criatura anormal y sobrehumana".

Porque él comenzó todo.

Él y aquella central...

¡¡LO JODIERON TODO!!

¡¡¡Absolutamente todo!!! ¡¡Y los hijos de puta siguen mofándose!!

Se van a enterar, esta vez si hay algún conflicto,

que lo resuelvan ellos.

No va a estar dándoles de comer con mierda para que sobrevivan, ¡que aprendan a cagar y a fabricar mierda!

Los muy hijos de puta están llevando el mundo al carajo. Tanta corrupción, personas infieles y, resumidamente, subnormalitos de la puta vida se van a enterar de lo que es un tío en condiciones.

De lo que es Martín en condiciones.


Manuel estaba mirando a Martín pegándole a uno de los árboles como un enfermo de la vida.

Observaba cómo caía su sangre color naranja, y cómo las lágrimas naranja transparente caían al suelo.

Claro, todo esto subido a un árbol. Él también se escapó.

Siempre se escapa.

Se dijo a sí mismo que era mejor mirar y no molestarle.

Martín paró.

Manuel creyó que se había desmayado o algo, porque cayó al suelo y se dio en la cabeza contra el árbol. Esperó cinco minutos.

"Vale, o se desmayó (2%) o está frito (88%)." Pensó Manuel, atónito.

Lentamente, bajó del árbol. Cayó sobre el pie derecho, intentando aguantarse con su mano, aún escayolada del día anterior.

Se acercó de puntillas, y, en efecto: estaba dormido profundamente.

Manuel sonrió. Intentó agarrar a su amigo, pero le faltaban fuerzas, y aún una mano. Así que le llevó a rastras.


Paren música.

— ¿Qué onda, hueón?

Manuel estaba zarandeando estrepitosamente al rubio. Este, ante el repentino acto, gritó del susto.

— ¡Ostia puta Manuel!

— Qué masculino que te ha salido ese grito po.

Martín entrecerró los ojos mirando con furia a Manuel, que dio un respingo, levantándose y dando vueltas alrededor suya, sugerente.

— Ya. Bueno, ¿y qué pasó? —la cabeza de Martín seguía dando vueltas, y vueltas, y vueltas... sus ojos se asemejaban a un camaleón, y estaba un poco rojo.

— Estás enfermo —Manuel suspiró y se apartó un poco, mirando por la ventana del hospital.

— Oh no jodas —Martín sonrió y se tumbó, poniendo los brazos cruzados bajo su cuello y cerrando los ojos—, ¿o sea que es como la canción: "Primero vos y luego yo"?

— No, es "Primero tú y luego yo".

— Es lo que he dicho, pues.

— No, habí dicho "vos"

Martín cruzó los labios, bufando y gruñendo por lo bajo.

— Ay déjalo, este tema es estúpido.

— Estoy intentando corregir el único fallo que tenís —Manuel sonó sarcástico y resignado, algo que al propio ni le gustó.


Antonio tamborileaba con los dedos en su escritorio. Fruncía el ceño como nunca, y su semblante expresaba frustración, pero más que nada aburrimiento.

Entonces sonó la sirena, y sonrió amplio al recordar que es en esta hora cuando abrían la cafetería de al lado, muy visitada por sus estudiantes. Él solía tomar café allí. Lo más era que la dependienta era muy simpática y agradable. Le recordaba a su mujer, fallecida tras el descubrimiento del poder de su hijo, en manos de el gobierno de salud.

Apretaba los dientes fuerte, pero se rascó la frente para olvidar aquel asunto. En la papelera, habían folios arrugados y hechos bolas. Eran todos conatos estúpidos que mandaba hacia el pueblo de la Barra Protectora del Círculo Celestial, o también llamado CiCele... Todas esas cartas tenían información sobre cada alumno.

Antonio se resignó y comenzó a leer aquellas cartas inacabadas.

Carta SNA 3.png

Patético.

Antonio sonrió. Miró el reloj, y, muy alarmado, corrió a coger su abrigo e ir a la cafetería.


— Buenas, Catalina —el español saludó con la mano al entrar por la puerta, haciendo sonar la dulce campanita que había en la puerta.

— Hola, Antonio —la chica del mostrador sonrió dulcemente, dejando enseñar un poco las paletas.

Catalina era una chica muy alta. Era totalmente morena, con pecas un poco más claras en los mofletes y por encima de la nariz. Sus dos paletas eran un poco grandes, pero no tanto... al menos 5 mm más que los demás dientes. Se recogía el pelo con una cinta azul oscuro, y llevaba siempre vaqueros, con una camiseta de tirantes y un delantal con cuadros color rojo.

Su pelo era un poco más oscuro que su piel. Era muy ondulado, y aunque parecía que se lo aguantaba de esa forma con gomina, aquella forma era natural. Tenía los ojos color verdes. Se parecía bastante a María, pero Antonio dudaba de que fuesen hermanas o parientes. María era un poco más... ¿chula? Catalina era más linda.

Además de ella, en la barra de la cafetería, estaba siempre un chico muy amable, de nombre Francisco. Le llamaban Pancho. Estuvo bastante tiempo hablando con él, y pudo saber que provenía de Ecuador. Siempre jugaba con una linda tortuga pequeñita, y su sonrisa era muy dulce.

Aquel lugar le parecía relajante. Las personas eran muy amables y en el ambiente se respiraba el olor del azúcar, el cacao y la cafeína.

— ¿Qué te pongo hoy? ¿Lo de siempre? —Catalina se movía de un lado a otro por la barra, sacando un plato y una taza para servir el café con leche que Antonio solía pedir.

— Sí, por favor.

— ¿Cuánto azúcar era?

— Dos paquetes... ¿o era uno?

— ¡Creo que eran dos! —señaló Pancho, el hermanito pequeño de Catalina, que estaba tomándose un chocolate caliente junto a su tortuga.

— Sí, supongo que dos —Antonio sonrió al ver tan espabilado a aquel niño. Le recordaba a Martín...

— ¡Marchando un café con alta dosis de azúcar jeje! —Catalina giró sobre sí misma y se escondió tras la puerta de la cocina.

Más tarde, volvió con la bebida en la mano izquierda, y se lo puso a Antonio delante, en la barra.

— Que lo disfrutes.

— Gracias, como siempre.


— ¡Manuel! —Miguel corrió hacia el chileno, todo sofocado.

— ¿Qué pasa?

— ¿Tienes toallitas o algo? Martín me ha estornudado en la cara.

Manuel no pudo evitar reír. Era gracioso pensar que el rubio estornudaba lava...

— Sí, acá tengo una.


— ¡¡¡MANUEL!!!

Esta vez era Martín quien le llamaba desde la enfermería. Aquel grito podría haberse escuchado incluso en el mundo humano.

Manuel abrió la puerta corriendo, y vio a Martín echando lava por todos lados.

— ¡Mierda, es la fiebre! —Manuel soltó todo lo que tenía y trató de congelar todo aquel despilfarro.

— Puta —Martín reía sin parar, de forma exagerada. Todo aquello le estaba causando demasiada risa.

— ¡Deja de reírte que echas más mierda!

— ¡No puedo! ¡Ajajajajaja!

— ¡Hueón culiao como te pongas mejor yo te voy a...!

Antonio entró por la puerta.

— ¿Qué ha pasado aquí? ¿Cómo es que hay un agujero enorme en el suelo?

Manuel señaló a Martín, que aún seguía partiéndose a carcajadas. Antonio le miró, enfadado, y le dio una colleja en la nuca.

— ¿Eres tonto?

— Perdona papá que te corrija, soy boludo

— Antonio, ¿cómo podemos arreglar este despilfarre? —Manuel se secó el sudor, mientras veía cómo una de sus manos se derretía y llegaba a evaporarse por el calor. Igual, después iba a el laboratorio y hacía el molde para que la mano volviese a su estado inicial.

— Manuel, tu mano

— Sí, estoy acostumbrado. Ahora por favor, responda o el colegio se va a ver inundado de lava.

— Ah, pues... ¡llévense a Martín de acá y tírenlo al lago que está cerca!

Las enfermeras agarraron a Martín y bajaron rápidamente a la planta baja. Salieron por la puerta y lanzaron al enfermo al lago.

— ¡¿Qué chucha?! —Manuel miraba por la ventana atónito, viendo cómo parte de la lava que producía el rubio iba convirtiéndose en grava.

— Tranquilo, de pequeño solía hacer lo mismo con Martín, y al día siguiente despertaba mejor que nunca.

Manuel no entendía. Pero da igual, con que la lava aquella no llegase a su cuarto...

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Anotaciones Editar

  1. Cada vez que salga ">>", quiere decir que se acabó el relato que algún personaje cuenta, ya me entienden.

Pistas (!) Editar

A partir de ahora, habrán marcas "(!)". Estas marcas, informarán sobre pistas o situaciones importantes, ya que a partir del capítulo 11 comienza toda la acción y la emoción, los casos, las misiones...
Tienen que prestar atención a estas marcas. Gracias a los datos que aportan, habrá una sección en la que se resumirá los puntos que se han señalado en la novela, así resolviendo casos, misiones...
¡Gracias por leer!

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