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Era por la mañana y el sol lucía en el cielo sobre los seis reinos. Vera y Joel caminaban sobre las nubes, camino del templo de los seis elementos. Cuando llegaron se encontraron con mucha gente en la puerta del templo. Vera y Joel se quedaron algo apartados del resto. Ambos hablaban mientras los otros Angeles miraban a Vera y cuchicheaban. Vera se dio cuenta y se le entristeció la mirada.

-¿Qué te ocurre, Vera? -le preguntó Joel, al verla deprimida.

-Estoy harta de que todos me vean como un bicho raro, soy normal... -dijo Vera bajando la mirada.

-Vera, ignóralos.

Vera levantó la mirada y miró a su amigo a los ojos. Tras unos segundos, sonrió.

En ese momento un profesor salió del templo. Llamó a los Angeles para que entraran al templo y se dirigieran al patio del mismo. En el patio se impartían antaño las clases prácticas de magia, pero actualmente se usaba para los combates.

Al llegar al patio, el profesor pidió a Vera y a otra chica que empezaran ellas el primer combate. Cada una cogió una espada. La otra chica no tenía alas, no debían de habérselas dado aún. Para los Angeles, las alas representan que están listos para cualquier cosa y los 3 sabios conceden las alas a los que están preparados. A los 15 años era raro no tener las alas. Aprovechando que Vera estaba distraída pensando en todo esto, la chica levantó la espada y se dispuso a golpear a Vera, pero ésta bloqueó el golpe justo a tiempo. En los ojos de la otra chica había algo extraño... quizás odio.

-Maldita bruja, ¡no mereces tener esas alas! ¡Eres una bruja, las alas deberían ser mías! -gritó la chica mientras intentaba golpear a Vera una y otra vez.

Vera bloqueaba los golpes como podía, pero finalmente la chica la desarmó. Golpeó una última vez, y Vera intentó esquivarlo, pero inevitablemente notó el frío acero en su piel. Miró su brazo y vio como salía sangre de una profunda herida. La otra chica sonrió. El profesor le quitó la espada y no pudo volver a atacar a Vera.

Vera se tocó la herida y sus dedos se mancharon de sangre. Se tapó la herida con la mano y una luz celeste la envolvió. Unos segundos después Vera se quitó la mano de una herida que ya no estaba.

Joel corrió a abrazarla. Pero lo que había hecho Vera no había sino empeorado la situación.

-Sara tiene razón, ¡no debieron darle las alas a Vera! -se escuchó una voz.

-Es verdad, ¡ella no debe ser un Angel! -se oyó otra.

-La magia está prohibida y ella la usa.

-¡Es una bruja!

Los ojos de Vera se llenaron de lágrimas; pero no lágrimas de tristeza, sino lágrimas de ira. Vera desplegó las alas y salió volando del patio. Joel fue tras ella. Pero Vera era muchísimo más rápida.

Vera estaba furiosa, ¡no era ninguna bruja! Se dirigió a los jardines que había no muy lejos del templo, siempre iba allí cuando quería estar sola. Al llegar a la entrada, descendió y siguió a pie.

-Qué sabrán ellos... ¡No soy ninguna bruja! -pensó en voz alta.

-Desde luego que no lo eres, pero debes admitir que lo que has hecho solo ha empeorado la situación -dijo una voz.

Vera se giró para ver quien había hablado. Sentado en un banco de piedra había un chico. El chico era muy apuesto, no demasiado alto, delgado, de pelo oscuro con los ojos color fuego. Vera se fijó en sus alas negras. Se fijó un poco más y vio que sus alas no eran las de un Angel... ¡sino las de un demonio!

Vera ahogó un grito. El chico esbozó una sonrisa, que ocultaba una enorme tristeza.

-¿Qué haces aquí? Los demonios no son bienvenidos en el cielo -dijo Vera.

-No tengo a dónde ir... Ya no me quieren ni en el infierno -dijo él con un cierto tono de voz sarcástico.

-¿Qué? -preguntó Vera extrañada.

-Es una larga historia...

Vera miró al chico a los ojos, y vió en ellos sinceridad y tristeza. Hubo unos segundos de silencio.

-Bueno, tengo mucho tiempo para escucharte -dijo ella finalmente, mientras se sentaba junto a él. Ella sonrió-. Me llamo Vera.

-Yo Luke -dijo él. Y también sonrió.

Hizo una pequeña pausa antes de continuar.

-Todo empezó hace dos meses. Unos fuertes terremotos azotaron el infierno. Todos nos esforzamos para averiguar la causas de los temblores. Los Oráculos tuvieron terribles visiones, con criaturas monstruosas que destruirían los 6 reinos. Pero nadie les hizo caso. Ellos me confiaron a mí la misión de evitar que esto ocurriera. Viajé por los 6 reinos en busca de la Cueva de Cristal, dónde según los Oráculos hallaría un dragón sagrado que me ayudaría a impedir la tragedia, pero no la encontré. Decidí rendirme y regresé a mi hogar al cabo de casi un año, y una vez allí me llevé una amarga sorpresa. El reino de los demonios estaba sumido en el horror. Los terremotos los habían afectado... Y no sé porqué, creen que yo soy esa amenaza que llegaría para destruirlos -explicó Luke.

-Entonces... ¿llegaste aquí huyendo?

-Sí. Y sigo creyendo que los Oráculos tienen razón. ¡Siempre la han tenido!

Hubo un breve silencio.

-Antes, cuando me hablaste por primera vez, ¿por qué dijiste eso? ¿Cómo que empeoré la situación?

-Usaste la magia ante todos, quizás debiste esconderte.

Vera permaneció en silencio.

-Aunque no debes esconder lo que eres.

-¿Y que se supone que soy?

-Un precioso Angel con un maravilloso don.

Vera no pudo evitar ruborizarse ante la respuesta del demonio. De repente, la sonrisa se borró de los labios de Vera.

-¡Espera! ¿¡Me has espiado!?

-¡Claro que no! Bueno sí... Oí hablar de ti y no pude evitar averiguar por mí mismo si era verdad que eres como yo.

-¿Cómo tú?

-Sí, un simple despojo para ellos.

-¡Yo no pienso huir de nadie! Simplemente no me comprenden...

-Tarde o temprano acabarás como yo.

Lucas se levantó.

-Será mejor que me vaya, no quiero que te vean conmigo -dijo él.

-¡Espera! Te ayudaré.

-¿Ayudarme?

-Te ayudaré a encontrar al dragón.

Lucas no pudo evitar abrazar a Vera. Ella también lo abrazó.

-Gracias, gracias de verdad -dijo él mientras la abrazaba.

En ese momento llegó Joel.

-¡Vera! ¿Que haces con ese demonio? -dijo Joel desenvainando su espada.

-¡Quieto! Es un amigo -gritó Vera rápidamente.

-¿¡Un amigo ese demonio!? ¿Estás loca? -exclamó Joel.

-Deja al menos que te explique -dijo Vera con voz suplicante.

-De acuerdo -dijo Joel guardando la espada.

Vera le contó todo lo que había hablado con Luke.

-¿Y te vas a creer lo que diga este demonio? -dijo Joel mirándolo con desprecio-. Sabes que los Angeles y los demonios somos enemigos por naturaleza.

-Se llama Luke, así que dile por su nombre. Y sí, le creo, confío en él. Además pienso ayudarle.

-¿¡Ayudarle?! ¿En esa estúpida búsqueda de la Cueva de Cristal que solo existe en los libros? Vera es todo mentira.

-No es mentira, Angel -dijo Luke.

-¡Cállate! ¡Tú no eres nadie aquí! Eres un simple demonio que viene huyendo del infierno -dijo Joel. Luego se dirigió a Vera-. Si ni siquiera lo quieren allí será por algo.

Vera le dio vueltas y vueltas a las palabras de Joel, pero ella sentía que podía confiar en Luke.

-Sabía que te acabaría metiendo en problemas... -dijo Luke mientras desplegaba las alas para irse de allí.

-No, Luke -Vera lo cogió de la mano-. No te vayas, por favor.

-Si tú me lo pides me quedaré.

Joel apretó los puños.

-Joel, por favor. Te necesitamos para esto, yo te necesito.

Vera miró a Joel fijamente a los ojos, y él no pude decirle que no.

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