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Fanfic:Rutina diaria del gato argentino

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Che, que mirás. Sí, soy un gato. Sí, soy argentino. Sí, tengo una vida de perros, nunca mejor dicho... pero la vivo como si fuese el mayor paraíso mundial.

Soy NekoMartín, el gato de Martín. Era obvio.

Les voy a contar cosas importantes que me pasaron, ya pues, pueden tener escenas fuertes... es mentira, pibe. Normalmente mi vida depende únicamente del flaco. El flaco. El flaco. ¿Quién coño es el flaco? El flaco es Chile, Manuel, Manu. Es un vecino de mi dueño. Lo gracioso es que el rubio obligó a Manu que se comprase un gato, aunque prefiriese los perros. Así fué, se compró un boludo gato del que me hice muy amigo.

O al menos eso creo.

Tiene la misma manera de hablar y gruñir que su dueño. "¡Weón, no mi toquei'!" - frase muy popular que suena en mis oídos cuando me enredo en su larga cola. Sí, es flaco, como dije antes. Es serio, pero adora molestar al peruano o visitar a el inglés. Esto me pone un poco celoso nervioso, ya pues, esos dos no es que me hagan mucha gracia... El cejón siempre cree que él es suyo, y el... bueno... y el Migue cree que tiene más potencial que yo en robarle una sonrisa.

Y eso no es cierto.

El quiere a su argentino...

Supongo...

- ¡Manu!

- ¿Qué pasa ahora?

- Encontré algo...

- No mi interesa. Apártate de mi camino, fleto.

- E-espera... Esque es curioso...

- ¿Pero qué?

- Es... ¿una cría de canario?

- Cómetela, weón.

- ¡¿Qué dices?! ¡¡Es sólo una cría!!

- Por eso, no se va a escapar.

- No tenés alma... -el argentino abrazó a el polluelo.

- ... Es lindo.

- ¿Verdad?

- Mejor guardémoslo...

- ¿Dónde lo guardamos? Si lo ve Martín...

- Lo guardo yo.

- B-bueno... -le tendió el polluelo en las patas- Trata de no arañarle o...

Me quedé sorprendido.

El chileno cogió al pajarillo, lo miró fijamente, lo acarició, se quitó el trapo que llevaba en el cuello con la bandera de su país estampada y lo envolvió con el, dándole calor.

- ¿Flaco?

- Ahora cómete lo que dijiste antes.

- Wee, vamos a buscar pan a mi casa aver si tene hambre...

- Pf... -ató el polluelo y el trapo sa su cola- Okey entonces...

En nuestra casa, tuve la suerte de que estuviese el flaco. Gracias a él, llegué al fornido armario situado debajo de la radio, estaba puesta una canción muy lenta... me dieron ganas de coger la pata de Manu y bailar, pero este tenía los mofletes colorados e hinchados y una mala cara que te cagas.

- Oe', ¿Vas a sacar el pan o os vai' a quedar escuchando la radio ahí todo el tiempo?

- ... ¡¿EH?!

Estaba escuchando la música y había dejado el asunto por completo. Estaba un poco mareado, pero me di cuenta de que aplastaba a Manu. Me bajé de sus patas.

- ¿Vai' a coger eso o no? ¿Ahora querei' que el canario se muera? ¿Mandai' to' a la wea?

- No...

- ¿Dejai' ya de fantasear? Este canario necesita comida, weón, que al final se muere... ¿Querei' que se muera, verdad? ¿Eso querei'?

- ¿Os dió algo o qué concha? ¿Te vais a volver loco por un canario?

- No es sólo un canario.

Eso último me calló la boca.

Creí que el chileno diría algo de "¡Es una CRÍA!". Oh. Caí tan bajo...

- Es un canario... q-que lo encontraste tú... pues, ya con que tú lo encontratei', es especial... además es uno de los pocos seres a los que protejo, y más me vale no perderle... Y ahora coge el pan, weón.

No me podía creer lo que oía. Bueno, sí. Pero en parte de que lo haya soltado con tanta facilidad... no es propio de el pibe.

Pues, esta vez salté (no sé cómo, pero fue algo parecido a Matrix) y llegué al armario sin ayuda. Cogí el pan, bajé y se lo dimos al canario. Por suerte Por desgracia, cuando fui a coger una miga de pan, Manu y yo coincidimos en el mismo sitio y sin querer puse mi pata en la suya. Yo me alarmé por dentro, pero por fuera me sonrojé, quité la pata y sonreí para no quedar mal.

- ¡P-perdón, yo...!

- Neh, no pasa wea.

- B-bueno... Martín llegará dentro de poco, y si no te vas...

- Sí, ya me imagino... -el gato se levantó del suelo, cogió al polluelo y se dirigió al argentino- Hasta mañana, weón...

- E-espera, che.

- No parai' de tartamudear, ¿os pasa algo por la camoya?

- E-emm... No, nada.

- ¿Qué hora es? -miró el reloj.

- La hora ciento tres ~♪

- ¿Eh? Si esa hora no existe. Bue, son las seis y media. A las siete meriendo, a las...

- Quédate.

- ¿Qué de qué?

- Que te quedes, boludo.

- No, estaba claro la respuesta.

- No es una pregunta.

- ¿...?

- Es un imperativo, ¿Éreis nulo en lengua o qué?

- Wee, no me voy a quedar. Me paso el imperativo por los...

- Pos vete, che. A qué esperás.

- ¿Pero qué wea o' pasai' por la chucha?

- Las "weas" que normalmente a vos te pasan.

- No te enfrentei' a mí, argentino.

- Ah, ¿Ahora intentais intimidarme? Uh, uh, mira qué miedoo, che...

- A la cucha to'.

El chileno abrió la pequeña puerta de plástico especial para gatos y se fue. Pero se dejó el pajarillo en la casa.

Me sentí un poco mal, pero aún así mi orgullo seguía presente. Deslicé la cola por el suelo y agarré el polluelo. Me lo puse en la cabeza, y algo me hacía sentir como si me pareciese a alguien... conocido. Por último, Martín llegó a la casa con el dueño del flaco.

- ¡Vei' ya, si eque' no pueo' confiá' en vo'!

- Joder, que se me fué la hora, Manu, lo siento...

- ¡Esque no es la primera ves, weón!

Lo que faltaba. Manu y él se estaban peleando.

- Va, perdóname, che, no va a volver a pasar más, lo juro por mi orto...

- Bueh. De todos modos mañana es sábado, puedo acostarme cuando quiera... Bueno, yo ya me voy a mi casa.

- ¿Por qué no te quedás?

- Que no, coño.

Manuel se ajustó el abrigo, se apretó la bufanda y escondió su media cara en ella. Los cascos que llevaba para el frío eran azules, con un círculo blanco en ellos. Se metió las manos en los bolsillos de su basto abrigo y cerró la puerta tras él.

Martín suspiró.

- Bueno, otro día de intento y todo se fue a la mierda denuevo.

- ¿Miau?

- ¿Y ese pajarillo? Déjame verlo...

Cedí el pájaro. Tenía miedo de que me castigase o algo, puesto que tener un animal más en casa y encima cría iba a costar lo suyo, pero fué al contrario.

- ¡Oh, pero qué monada! ¿Dónde lo encontraste? Vamos a cuidarle, pero ni intentes comértelo.

No tenía ni la más mínima intención de ello.

Pasaron unas dos horas frente al televisor. Mi dueño se estaba quedando casi dormido, pero pronto dió un salto.

- ¡Oh, madre! ¡Olvidé bañarme y cambiarme, che! Ahora vuelvo, ocupaté tú del pájaro, ¿okey?

Sonrió y salió disparado como una bala. Yo acurruqué el polluelo en mi barriga, y empecé a pensar en ChileCat. Mañana le volvería a visitar y arreglar cuentas.


Al día siguiente, cumplí mi promesa. Fui a la casa del chileno, toqué a la puerta y abrió una figura enorme, esbelta, con cabello castaño y ojos miel.

- ¿NekoArgentina? ¿Qui hacei aquí? ¿Tu dueño sabe que vnitei? ...Qué iluso. Si es su gato, será igual de tonto que él.

Eso no me sentó bien, pero el pibe me invitó a entrar. Atravesé el pasillo corriendo, griando el nombre de Manu. Este no respondía. Entré al salón y allí estaba, con un ovillo de lana en las patas. Me miró como si fuese un asesino, y me soltó una de sus típicas quejas.

- ¿Qué hacei aquí? ¿No podei molestar al vecino y no a mí?

- Quería disculparme...

- Ahórratelo. No quiero hablar contigo ahora.

- Manu, por favor...

- Ni porfa ni porfo, eso es lo que hay.

Me senté al lado de él. Puse una de mis mejores caritas de por favor y se resignó.

- Okey, te perdono como siempre, pero no me hagai tener que abandonar a aquel polluelo.

- Ah, está en mi casa, Martín lo está... WAIT, MARTÍN SE ESTÁ DUCHANDO

- NO ME JODAS WEÓN, ¡¿QUE HISISTEI?!

- ¡YO QUE SÉ!

Se ajustó el pauelo y corrió rápudo hacia afuera de la casa, haciendo tropezar al humano.

- ¡Más cuidao', culiao! -se rascó la cabeza y empezó a gruñir.

Cuando saltó el muro de ambas casas, logró entrar por la ventana. El polluelo estaba a punto de perder el equilibrio sobre uno de los cuchillos que andaba fuera de las encimeras. NekoArgentina corrió y corrió y salvó a la pobre cría. Esta seguía aleteando, y consiguió elevarse unos centímetros del suelo. Se dibujó una sonrisa en la cara del humano chileno, que estaba asomado por la ventana.

- Mirai que sos aweonao como tu dueño...

Era una sonrisa de resignación. El gato le miró confundido por lo que decía.

- ¿Tu dueño?

- Meow -señaló a la puerta del baño, la cual se iba abriendo.

- Martín -gritó el otro-, ¿devolvei ya mi libro?

- Ah -el argentino sonrió, y mientras se colocaba bien las mangas de la camiseta del pijama, sacó un libro gordo de la estantería.

Pesaba, pero en comparación con otras cosas, era la cosa más leve del mundo. Se acercó al chileno, el cual se estaba ajustando las gafas de aumento que solía ponerse de vez en cuando y se ponía unos mitones.

- Ahí tenés~ No sospeches de mí que no le hice nada, che -dijo al ver que el moreno fruncía el ceño mientras hojeaba el libro página por página.

- Hum... eso parece, po -cerró el libro y se lo llevó al brazo, cargándolo-. ¿Tenei partio' mañana?

- Sip -respondió el otro-. Desgraciadamente.

- ¿Lu de nuevo?

- No hagas que me cague, no, por Dios.

- Ah. ¿Migue?

- Nopo.

- ¿Quién?

- Ay mirá que no te acordás -el argentino se llevó una mano a la frente apoyándose en la ventana-. Vos, boludo.

- O-ostias

- ¿No te acordabas?

- No...

- Bueh, se puede suspender si querés

El chileno sonrió, haciéndole el "corte de manga" y echó a correr. E sus piernas, estaba ChileCat, mareado por tanto lío.

Pero cuando fue a mirar al polluelo, ya no estaba.

Estaba volando junto a sus amigos, proyectando su sombra en el sol del atardecer de Santiago.

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