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Fanfic:Entre trabajo y amor

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En Santiago el tiempo no es fácil. El calor te pilla en mangas largas y es capaz de abrazarte y matarte de bochorno.

Hoy, el chileno pasa completamente de todo lo que ocurre a su alrededor. Realmente sólo quiere hacer una cosa: terminar lo que le queda de trabajo.

- Maldición...

No es fácil andar con muchas cosas en la mano por una acera completamente llena de piedras. Tampoco era fáci perder el equilibrio, pero en este caso sí.

- ¿Es que no pueden poner las piedras en otra parte? -el chileno suspiró, y con esto tropezó, golpeándose contra una pared y aguantándose en ella- Puta la wea... por poco no se me cae todo. Entre el calor y las piedras me van a matar. Suerte que hoy llevo manga corta...

Manuel iba caminando, pero de repente, Martín apareció con una brillante sonrisa por el callejón de al lado. No tenía por qué haber pasado nada bueno: Martín sonríe incluso cuando llora.

- ¡Lalalalala~! -El rubio iba tarareando sin saber qué canción elegir para ese momento. - ¡Manu~!

El moreno no sabía qué hacer. Si se quedaba quieto, le abrazaría. Si le saludaba, establería una conversación de 12 horas, y si le ignoraba el argentino acababa por joderle un rato.

Esta vez, Manu decidió esconderse tras un robusto árbol del parque de al lado. Se ajustó el cinturón, se apartó el pelo de la cara y respiró hondo. Entonces, comenzó a desear que el argentino se de media vuelta.

- ¿Qu-qué?

- Che, que he ganado otro partido de fútbol~

- Pero si ya es costumbre.

- ¡Ya, pero no hay motivo por el que no celebrarlo!



El ojimiel tragó saliva. De allí no iba a salir.

- ¿A qué te refieres, weón?

- No se exactamente~ Sólo quería pasar el rato con vos.

- No ahora.

- ¿Eh?

- Ahora vei' perfestamente' que estoy ocupado, wey.

- Ah, ¿Con lo del trabajo todavía? Yo ya lo hice ayer.

- Pero si ayer os vi con Luciano en Brasil...

- ¿Y vos que hacíais en Brasil? ¿Y qué hacíais espiándo a mi grosso yo?

- No te taba' espiando.

- Noo...



El argentino se echó la mano a la frente y se movió hacia atrás, con un tono de sarcasmo.'

¿Entonces? ¿Qué hacíais?

- Nada...

- ¿Cómo que nada?

- Yo simplemente fui a despejarme la cabeza.

- ¿Y por eso estás tan ocupado ahora?



Martín se rió burlonamente.

- ... ¿Querei' dejarme en paz? Tengo cosas que hacer.

Dicho esto, el ojimiel salió corriendo como pudo, rojo del esfuerzo con los papeles.

- ¡¿A dónde vais, flaco?!

Se precipitó a no escuchar lo último que dijo.

Media hora después, llegó a su piso. En la mesa, tendió todo lo que debía hacer. Se encogió de piernas en la silla, cogió un lápiz y comenzó a leer y escribir.

Llamaron a la puerta.

- Martín weón...

El chileno pensó que se trataba del rubio, pero tras la puerta había un moreno con un gorrito que le resaltaba la cara, lleno de colores.

- ¡¿P-Perú?! E-es decir, ¿Migue?

- Manu... He visto a Martín triste. ¿Le hisiste' algo malo?

- ¿Y-yo? ¡Nonononono... es imposible que le hablase hoy...!

- ¡Sí que es posible! ¡No ha querido mi batido!

- Dios, eso si que es grave...

- ¿Vas a animarle? Esque eres el único que puede...



No le dejó terminar la frase.

Manuel corrió hacia donde estaba Martín, mordiendo su bufanda. No podía creer lo que oía, pues el rubio y él siempre pedían comida al peruano.

Cuando llegó, el brasileño estaba haciendo muecas frente al argentino. Este estaba cabizbajo, apoyado en una pared de la calle y haciendo que brotasen lágrimas de sus ojos esmeralda. Al ver llegar a Chile, Martín lo miró con cara de desprecio, apartó al brasileño de delante suya y miró hacia abajo y a la derecha.

- R-rucio...

- ¿Qué querés ahora?

- Y-yo...

- Habla o me niego a escucharte.

- Que me perdones, joder...

- ¿Que te perdone de...?

- De haberte ignorado completamente y haber rechazado conversaciones contigo...

- ¿Ahá...?

- ¿Y cómo haces que hable tan rápido?

- Che, te pones rojizo.

- ¡¿P-por qué crees que me estoy...?!



El chileno aflojó la rabia. Los nervios le consumían, y no podía decir nada confidencial debido a que sus compañeros, incluido Luciano, el brasileño el cual odiaba, estaban delante.

Se precipitó a únicamente abrazarle.

- Weón...

- Jaja~

- ¿De que te reí'?

- Que eres lindo~

- Linda la puta que te parió, rucio...



Ni una hoja se arriesgó a perturbar el silencio profundo que había. Sólo se escuchaban las voces del moreno y el argentino en esa calle abandonada.

- Pero tú te enfadas con más dificultad.

- Che, tenía antojo de verte disculpándote ante el grosso yo.

- ¡¿Cómo?!

- Gracias chicos, os debo una~

- No hay de qué...

-dijeron todos a la vez y desaparecieron cada uno por su camino.

- N-no entiendo...

- Ni debes entenderlo...

- ¿Eh...?

- Monté esto para que te disculpases y echases atrás el trabajo... Hay cosas mejores que te hacen sonreír, y es mejor eso que estar encerrado todo el día... Además, tenés tres días para terminar, puedes extenderlo a lo largo...



El argentino profundizó el abrazo y rió, pero el moreno esta vez se quedó quieto, sin palabras. No tenía por qué preocuparse, ya pues, lo que decía Martín era cierto... o almenos era la primera vez que le creía en algo y le daba la razón.

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