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Discovering the best writer/Prueba 2/De Meka

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No iba más allá de la realidad. Esta historia puede ser cierta. Otra cosa es que creas en ella…
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Las fuertes pisadas sonaban en la tierra. Hacía un calor tremendo, ¡pero el lago estaba cerca! Sólo un poco más… Se adentró en las cristalinas aguas de aquel lago. ¿Estaba seguro? Ni él lo sabía… aunque tampoco era momento de pensar.

Se cubrió la cabeza con algas, camuflándose entre ellas.

La tierra continuaba temblando, se escuchaba el llanto de Pokémon anónimos, árboles siendo derrumbados y, en general, el olor de la masacre, que se olía incluso a metros bajo agua.

Pasaron varias horas desde que puso una pata fuera del agua.

— Ribbit… —era lo único que pudo decir al encontrarse aquella devastadora situación.

Árboles partidos en dos, arañazos en los árboles, e incluso uñas clavadas… junto al cadáver del Pokémon asesinado. Se ajusta su lengua, la cual usa como bufanda y se rasca la frente. Será mejor esconderse antes de que pase lo mismo con su bello cuerpo de rana azul.

Fue caminando por entre los árboles. Recordó las historias que le contaba su abuelo, esas que contaba de la existencia de unas bolas mágicas que robaban Pokémon para luego estar al servicio de una criatura llamada “humano”, la cual siempre parecía dedicarse a ello…

Solía decir, “esas criaturas manipulan a nuestra especie para que nos adviertan de que esa ida es relativamente mejor”. Él pensaba que algo estaba tras todo esto…

La única criatura feroz que conocía era el causante de todo… Yveltal. El cielo cobró un color plomizo y desagradable. Y pensar que antes brillaba el sol...

Todos hablan de que Yveltal mata a otros Pokémon para curarse, y es así… pero, ¿por qué sacrificar a tantos para que luego quede sólo uno?

Corrió rápidamente hacia la pequeña cabaña en la que residía su familia. No esperaba encontrarla genial, suspiró y simplemente abrió las matas que llevaban hacia el pequeño edificio. Estaba intacto, las paredes estaban como siempre: adornadas con plantas trepadoras y flores de varios colores que salían de ellas.

Entró con cautela, cerrando la puerta tras de sí, haciéndola crujir ruidosamente. Se molestó por aquello, sólo soltó un “tsk” y corrió hacia el salón donde solían estar todos los miembros de su reducida pero acogedora familia.

— ¿Abuelo?

No recibió respuesta. Miró hacia todos lados, comprobando que no había nadie en la sala. Todos se habían ido, ¿tal vez? Rebuscó entre los utensilios guardados en la delicada cómoda taladrada por Ryhorn profesionales y pintada por Smeargaint, una compañía dirigida por los hermanos Smeargle. Se dedicaban a pintar con cautela todos y cada unos de los detalles del mueble, siempre de madera o piedra. Sacó un trozo de madera con botones para luego marcar el móvil de la vecina.

— Esto… ¿diga? —contestaron a través del teléfono.

— Flox, ¿has visto a mi familia? No la encuentro, y hasta hace poco terminó la catástrofe del bosque.

— No, lo siento —suspiró la voz femenina—. De todos modos, si necesitas algo, podemos vernos en la plaza de la Zona

— Amén hermana —bufó el otro—. Ser un Greninja no es nada fácil… quiero volver a ser pequeño…

— Déjate de estupideces y agarra todo lo que quieras llevar, después no quiero quejas de que si “se me ha olvidado la bolsa”, que si “mi madre no me avisó de que había un mapa encima de la mesa”, que s…

— Ni que fueras mi madre —soltó él desde el otro lado de la línea telefónica—. Sal, yo llego en tres segundos. Contados. Contados, re contados y super re conta…

— ¡¡ME VALE!! ¡Sal ya, maldición!

El Greninja colgó el teléfono y suspiró. Antes de salir de la pequeña casa, iba a hacer lo que la voz femenina le dijo. No, no iba a quedar mal en frente de ella… no ella.

Tomó todo lo necesario y se asomó por la puerta, asegurándose de que no había nada ni nadie que pudiese matarle por el camino. Cerró bien la puerta y corrió hacia la Zona en la que quedaron. Allí, se subió a los bordillos de la fuente, observando a todos los Pokémon atareados, llevando la mercancía de un lado a otro, atareados. Y él… bueno, él era la deshonra de todo el bosque. Siempre en un sofá, siempre leyendo… nunca estudiaba, nunca pensó en apuntarse en el ejército protector de Kalos. Oh, venga, ni que fuese a tener tantos años como los Aurorus…

Varios Noivern salieron de las montañas vecinas, aquello anunciaba el fin del día y el comienzo del atardecer.

— ¡Oliver! ¡O-Oliver! —la misma voz que a través del teléfono le hablaba, estaba gritando su nombre.

— ¿Ah?

Se giró para comprobar el remitente de aquella refinada voz. Una elegante Delphox se paró delante suya, respirando agitadamente.

— ¡Está ocurriendo algo en la Abertura Risco!

— ¿Risco? ¿No estaba cortado el acceso a ese lugar? —preguntó él, bajándose del bordillo de la fuente y clavando la mirada en los ojos de ella.

— En teoría sí —sacó un pergamino con nerviosismo del interior de su bolsa, tendiéndolo en sus narices—. Aquí tengo el mapa de Risco. Tenemos que ir corriendo, se avistan tormentas y posibles terremotos… además, algunos Pokémon rumorean que han visto los ojos rojos de Zekrom entre las nubes de la tormenta.

Oliver asintió, tomando de la mano con su larga lengua a la Delphox. Ella se sonrojó, pero asintió, decidida, y echó a correr junto al anfibio.

— Debemos subir una cuesta, ¿te importa mancharte el vestido? —rió él.

Ella le miró mal, frunciendo el ceño y desplegando un aura naranja alrededor suya.

— Sube, maldición. Yo puedo levitar, pero los tipo Psíquico no podemos hacer nada contra el Siniestro, así que… irás a patita —contrarrestó ella, acabando la frase en una sonrisa vengativa.

El Greninja se encogió de brazos, susurrando “la costumbre”, y saltando ágilmente de una roca a otra, mientras la Delphox le seguía.

— Vaya, ¿cuántos cafés te tomaste? —rió ella.

— No es un dato sin el que puedas vivir —gruñó Oliver—. Pronto se hará de noche, queda sólo un poco…

Pronto estuvieron en la cima de la abertura. Era una inmensa garganta rocosa decorada con árboles muertos y violetas del frío, con algunos charcos de agua de la nieve que se derritió al caer sobre los montes que rodeaban aquella fisura montañosa.

— No te asomes. Dice la leyenda de que el que se caiga no podrá volver atrás… —advirtió él.

— Vamos, no digas tonterías —bufó—. En fin, ¿ y la tor…

Una nube gris comenzó a adornar el cielo de color plomizo. Ambos Pokémon observaron con curiosidad el fenómeno que estaba ocurriendo frente a sus ojos, pero Oliver fue el primero en reaccionar. Un rayo cayó justo donde estaba Delphox, pero ella ya estaba en brazos del anfibio, el cual la había atraído con la lengua ágilmente.

— Al loro —advirtió.

Se escondieron tras el árbol de mayor altura y anchura, mientras Flox se asomaba por allí, observando la tormenta. Después, un sonido pringoso golpeó sus oídos. Ambos se dieron la vuelta y pudieron contemplar a un Goodra. El Pokémon encontrado estaba algo pálido, su piel no estaba tan babosa como los de este tipo suelen ser… Oliver se acercó a él, pero gritó:

— ¡¡NO TE ACERQUES, HUYE!!

El Greninja apartó la mano que estaba estirando para tocarle el hombro al Goodra.

— ¿Quién es usted?

— Soy el único Pokémon viviente en esta fisura —respondió, en un leve tono melódico.

— ¿Qué pasó con los demás? ¿Por qué no te vas de aquí? El Goodra pausó unos segundos, reflexionando.

— Yveltal sigue probando su fuerza con Zekrom… y mata a otros Pokémon para recuperarse. Ambos están muy igualados y desean matarse, después de todo, ambos intentaron suicidar media región, respectivamente…

Se escuchó un estruendo, Goodra se levantó con decisión, y suspiró.

— Y yo soy el siguiente.

Ambos Pokémon se miraron el uno al otro.

— No dejaremos que mueras así —interrumpió Delphox.

Un rayo azotó muy cerca de ellos, quemando a un árbol más pequeño y haciéndolo cenizas. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Greninja, el cual se asomó y se quedó con la boca abierta al ver a aquellos dos enormes Pokémon batallando por ser el mejor legendario oscuro. Pero ambos se detuvieron.

Los ojos celestes de Yveltal se clavaron en los fucsias de Oliver, el cual comenzó a sudar, a temblar y a retroceder en cortitos pasos. Delphox salió de su escondite corriendo para llevar a Greninja tras el árbol, pero unas enormes garras negras lo atraparon antes de que pudiese.

— Veo que traes ayuda para mí —susurró Yveltal—. Veamos… sólo necesitaré a uno. ¿Cuál de los dos prefieres, renacuajo con lengua larga?

Oliver comenzó a tartamudear, cosa que no agradó al legendario, el cual gruñó.

— Os usaré a ambos, pues.

— ¡¡JAMÁS, YVELTAL!!

Xerneas hizo su aparición de entre unos árboles, abriendo las patas y posicionándose en su pose de X. Yveltal alzó una ceja.

— ¿A qué vienes?

— A salvar a esos inocentes Pokémon.

— Eso es imposible… aunque me superes en tipo, soy más potente que tú.

Xerneas ejecutó Geocontrol, haciendo que luces de colores saliesen del suelo. Su cuerpo se vio envuelto por un manto color rosa y verde, el cual se extendió por parte del suelo, haciendo aparecer un pasto tan verde como la esmeralda. Mientras, Yveltal, en un rápidoy apurado movimiento, usó su Ala Mortífera contra Delphox, y, aunque no le dio, le empujó hacia el borde del abismo. Flox se tambaleó y se echó hacia atrás, flotando en el aire durante cinco interminables segundos.

— ¡¡¡¡FLOOOOOOOOOOOOOOOOOOX!!!!

El Goodra miraba con indiferencia toda la escena.

Yveltal, de repente, se regeneró, saciando su sed de muerte y sus heridas, las cuales le molestaban para el combate. Dejó caer al anfibio al suelo, pero, justo después, Zekrom le disparó un rayo el cual lo dejó en el suelo, tirado, sin vida.

— Sacrificar a los demás para propio beneficio, ¿eh? —soltó, antes de dar media vuelta y desaparecer a través de las nubes.

Xerneas se acercó a paso lento al cuerpo de Yveltal. Aún soltaba descargas eléctricas…

— Su cuerpo desaparecerá en breve —anunció.

Miró volteando su cabeza. Cerca del abismo, Oliver observaba con atención la negra masa que envolvía el fondo de la extensa garganta de Risco.

— Puedo… ¿hacer algo por ti?

— Hazme pasar a mejor vida con ella. Por favor…

MÚSICA

Xerneas se sorprendió bastante, dando varios pasos hacia atrás.

— ¿E-estás seguro?

— Más seguro imposible. Conviérteme en… ¡un río! Sí, un río. Uno que cruce todo este lugar, repartiendo agua cristalina a todos los árboles… reviviremos el lugar, siempre fue un sitio sombrío. ¿Por qué no sacrificar un alma para salvar miles en vez de sacrificar miles para salvar una…?

Xerneas frunció los labios, pero captó el mensaje al segundo.

— Está bien, apóyate en el árbol.

Greninja obedeció las órdenes de aquel majestuoso legendario, abrazándose al árbol por detrás de su espalda.

— ¿Seguro?

— Adelante.

Una magia extraña envolvió el cuerpo del azul anfibio, partiéndolo en miles de partículas, las cuales se pegaron al suelo y enseguida formaron un caudaloso río de aguas cristalinas, cuya desembocadura terminaba en una cascada que caía hacia el fondo de la garganta. Algún día se llenará aquel hueco, algún día Oliver podrá sacar a Flox a flote… y vivir juntos para siempre.



FIN

DTBW Simbolo.pngEsta es una prueba literaria del concurso Discovering the best writerDTBW Simbolo.png

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